jueves, 2 de febrero de 2012

Un nuevo recién nacido .


Un niño por naturaleza, se esfuerza por crecer y madurar.
La naturaleza dota a los humanos con un impulso intrínseco
para llegar a ser adultos.
Los niños por naturaleza no pueden crecer tan rápido, ni son
capaces de dominar el mundo tan profundamente.
Les gustaria crecer instantáneamente si fuera posible.
Conoce de sobra el enorme abismo que existe entre ellos y los adultos y 
se mueren de ganas por atravesar el puente que cruza el abismo y alcanzar
los niveles de logro de los adultos que ve a su alrededor.
Por tanto, sólo un enorme esfuerzo puede detener a un niño de hacer
realidad ese tremendo impulso de crecimiento y maduración que es una 
caracteristíca fundamental de los cachorros y que es esencial para la 
preservación de las especies en todo el mundo vivo.

La cultura intenta desviar ese impulso interno que tienen los niños de madurar
mediante manipulaciones controladas por adultos.

¿Queremos o no que los niños maduren a su propio ritmo?
No sólo es un proyecto de la naturaleza que la fuerza interna de cada niño
madure a su única e intrasferible manera, sino que también es nuestra 
obligación hacer todo lo podamos para favorecer que esto ocurra y no
reemplazar ese impulso con el nuestro.
No es peligroso para el desarrollo infantil la satisfacción de todas sus necesidades:
las que puedas adivinar y las que ellos puedan expresarte.Si siempre intentas satisfacer 
las necesidades de tus hijos lo mejor que sabes y ellos se sienten seguros contigo, entonces
sabrán que aunque no sean comprendidos no es por falta de esfuerzo por tu parte y aprenderán
desde el principio de la vida cómo relacionarse con las frustaciones y decepciones que forman
parte de la existencia de cada uno de nosotros, jóvenes y viejos.

La proyección es un juego peligroso que fuerza prematuramente el mundo 
de los adultos sobre los niños con su propio mundo.

Por Daniel Greenberg.Un pequeño texto de su libro.
´´La Crianza de los Niños´´

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